UNIDAD DE ADULTOS
Evaluación del deterioro cognitivo y detección temprana del Alzheimer
No todos los olvidos significan lo mismo.
Cuando aparecen cambios en la memoria, el lenguaje, la orientación o la forma de organizarse, una evaluación especializada permite comprender qué está ocurriendo y decidir los siguientes pasos.
¿Es normal que me pase esto?
¿Qué está cambiando?
Puede empezar por algo pequeño: una conversación que parece no haber ocurrido, una palabra que cuesta encontrar o una tarea que ahora requiere más esfuerzo.
Otros cambios afectan a la orientación, la planificación o la forma de seguir una conversación. Y, en ocasiones, son los familiares quienes primero los perciben.
No todos los cambios cognitivos significan lo mismo, pero cuando se repiten, progresan o interfieren en la vida cotidiana, conviene estudiarlos.

La primera pregunta no es si existe Alzheimer. Es por qué está ocurriendo el cambio.
El rendimiento cognitivo puede verse afectado por causas muy diferentes. El envejecimiento normal, la ansiedad, la depresión, las alteraciones del sueño, determinados medicamentos u otras condiciones médicas pueden producir cambios que es necesario diferenciar de un deterioro cognitivo o de un proceso neurodegenerativo.
Por eso, el objetivo inicial no es confirmar una sospecha, sino comprender qué está ocurriendo.
¿Qué está ocurriendo?
Cada persona llega con una historia distinta. Por eso realizamos una evaluación por etapas que permite estudiar con detalle los cambios cognitivos y decidir, con criterio clínico, si es necesario ampliar el estudio.

Ahora podemos obtener más información
La proteína tau fosforilada 217 (p-tau217) puede medirse mediante una analítica de sangre y aportar información sobre alteraciones biológicas asociadas a la enfermedad de Alzheimer.
Es una herramienta complementaria que se valora dentro del conjunto de la evaluación clínica.

Aporta
- Información biológica adicional.
- Ayuda en la orientación diagnóstica.
- Se integra en la evaluación clínica.
No significa
- Que sustituya la valoración clínica.
- Que sea un test general para personas sin síntomas.
- Que permita establecer por sí solo un diagnóstico.
«Yo no noto nada, pero mi familia sí»
En ocasiones es la propia persona quien percibe los cambios. En otras, son familiares cercanos quienes empiezan a observar olvidos repetidos, desorientación, dificultades para organizar actividades habituales o cambios en el comportamiento.
La información de las personas que conviven o mantienen un contacto cercano puede ayudar a comprender cómo han evolucionado esos cambios y qué repercusión están teniendo en la vida cotidiana.
«Últimamente se me olvidan demasiadas cosas»
La persona mantiene su autonomía, pero empieza a percibir cambios que antes no estaban presentes.
La evaluación permite estudiar si existe realmente un cambio respecto a su funcionamiento habitual.
«Mi madre está diferente y no sabemos si es la edad»
La familia empieza a observar repeticiones, despistes, dificultades de organización, desorientación o cambios de comportamiento.
La evaluación ayuda a objetivar si existe deterioro y qué características presenta.
«Ya existe una sospecha y queremos estudiar mejor qué ocurre»
Puede existir una valoración previa, resultados cognitivos alterados o una recomendación médica de continuar estudiando los cambios.
En estos casos valoramos qué información adicional puede ser útil y si procede ampliar el estudio.
No se trata de poner nombre demasiado pronto a un olvido.
Se trata de saber cuándo merece la pena estudiarlo.
Si los cambios son persistentes, progresivos o están empezando a interferir en la vida cotidiana, una evaluación permite obtener información objetiva y decidir, con criterio clínico, si es necesario continuar estudiándolos.

